Zoológico Muerto es un performance que estrenamos en el 2016. Tras algunas funciones quedó ahí. Creímos teníamos una buena idea, pero no pusimos mayor atención. Pasaron los años, hicimos otras cosas y nuestras vidas simplemente siguieron.
Hasta que una noche, hablamos largo sobre nuestras historias de amor: La mayoría tristes. La mayoría llenas de errores y arrepentimientos. Fue un paso hacia el abismo, una forma de aceptar que no habría respuestas y, aun así, seguir haciéndonos la misma pregunta: ¿qué nos queda después del amor?
Entonces entendimos que había llegado el momento de Zoológico Muerto. Las condiciones estaban dadas. Es ahora y no hace 10 años. Tal vez esta vez la obra halle su tiempo, su lenguaje, su público o definitivamente descubramos que hay creaciones para no ser vistas, obras que deben permanecer lejos de cualquier apreciación pública.
Con esas ideas construimos una fila. Una fila que nos muestra que excluimos lo importante, que nos recuerda que lo que queda después del amor es tiempo de espera, es la necesidad de convencernos de que todo está bien mientras seguimos buscando donde ya no queda nada.
